EL
MAESTRO DE ESCUELA
A
fines del año de 1863 me dirigía a la ciudad de San Luis Potosí, donde estaba a la sazón el gobierno de la República. La diputación
permanente había convocado al Congreso de la Unión, y yo en mi calidad de diputado,
acudía al llamamiento desde el fondo del
Sur, en que me hallaba. Llegué un día a un pueblo de indígenas, bastante numeroso. El alcalde del lugar, deseando proporcionarme un
rato de conversación agradable, vino a buscarme a mi alojamiento, en unión del
cura; y éste me invitó pasar a su casa para presentarme a su familia. Llegamos al
curato, que era evidentemente la mejor casa
del pueblo, que ofrecía todas las comodidades apetecibles que en vano se
habrían buscado en las casas pobres de los indígenas.
A
poco llego el maestro de escuela con el sombrero quitado y cruzando los brazos
humildemente. Era el maestro un hombre como de cuarenta años, flaco, moreno, de
ojos hundidos pero inteligentes miserablemente vestido y trémulo. El cura le
pregunto al maestro, - ¿No ha comido usted?, ¿tan tarde? Pero habrá usted
almorzado…- Tampoco señor cura; aquí está el señor alcalde que puede decírselo
a usted; no pudo darme nada y mi familia tampoco pudo conseguir; nadie quiere
prestarnos en el pueblo, debemos ya tanto… que no nos es posible conseguir ni
un grano de maíz.
Se
sabe en México, en todos los países católicos, lo que es una comida de cura.
Suculentos asados de carnero y de gallina, estofados, chiles rellenos, pescados
de río, magnificas legumbres, ensaladas, queso olorísimo y frutas.
Mientras
que el y sus hijos, su mujer y su madre, enflaquecidos, apenas podían llevar a
la boca una tortilla y un poco de arroz o frijoles. Aquí todo lo que los pobres
indígenas pueden dar, es para el cura y para las funciones de iglesia. Yo no
culpo a los indígenas, cuya ignorancia no ha podido remediarse. Yo culpo a los
curas que los mantienen en ella para sacar provecho. Si la republica triunfa
señor, como lo espero, es necesario pensar en mejorar la condición de la
escuela y la de los maestros.
Pero
falta algo: falta la Escuela Normal y con una organización como la tiene en los
países citados antes, moderna, ilustrada; que sea un modelo y no una copia.
Elevar al profesor, es evidentemente engrandecer la escuela.
Ana
Abigail Ávila Esperano
EL MAESTRO DE ESCUELA (reseña)
En
mi opinión personal con respecto a esta historia, es que la realidad social es
otra, mientras que algunas personas se la pasan preparándose y trabajando con
esfuerzo para poder solventar a su familia económicamente; otras personas
solamente se aprovechan de los demás para su propio beneficio, como es el caso
del cura; el pueblo da lo que tiene para las misas y sin embargo con ese
dinero, el cura se da su festín diario de comida, mientras los indígenas apenas tienen para
comer y por supuesto para estudiar; son demasiados niños en las escuelas que no
pueden aprender a escribir porque les hace falta material. Se supone que el
trabajo del cura es servir y ayudar a la gente a superarse como personas y en
esta lectura no se dio así. Era necesario que el diputado ganara contras los
franceses para que las cosas mejoraran, pero lástima que el cura en vez de
apoyar y dar fuerzas a México, el solamente quería defender su iglesia y con
eso comenzó a decir cosas negativas respecto al tema.
Creo
que si todos estamos bien y nos ponemos a estudiar para ser mejores personas,
todo a nuestro alrededor estará bien, los maestros necesitamos ser creativos e
ilustrados para enseñar adecuadamente a las futuras generaciones y no solo
basta eso, también se necesita apoyo del gobierno para tener los adecuados
instrumentos que nos permitan mejorar el aprendizaje.
Ana
Abigail Ávila Esperano
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