sábado, 27 de agosto de 2016

VANESSA RIOS El maestro de la escuela



Síntesis
El maestro de escuela*
Ignacio M. Altamirano
Lo que son los curas de pueblo
A fines del 1863 me dirigía a la ciudad de san Luis potosí, donde estaba a la sazón el gobierno de la república. La diputación permanente había convocado el congreso de la unión, y yo en mi calidad de diputado, acudía al llamamiento desde el fondo del sur, en que me hallaba.
El cura  un sujeto parecido en moral a los de su especie; pero en lo físico, era robusto, de mediana talla, regordete, colorado y de carácter alegre y decidor. Llegamos al cuarto, que era evidentemente la mejor casa del pueblo, y que ofrecía todas las comodidades apetecibles, que vano se habrían buscado en las casas pobres de los indígenas.
Y apenas el cura había servido tres copas para él, para el alcalde, y para mí, cuando aparecieron dos muchachas morenas, de ojos negros y grandes, lindas como un sol, y ligeras como corzas.
 A poco llego el maestro de  escuela, con el sombrero quitado y cruzando los brazos humildemente.
Lo que son los maestros de pueblo
Al ver a este hombre que parecía la imagen de la tristeza, y de la angustia. Era el maestro un hombre como de cuarenta años, flaco, moreno, de ojos hundidos pero inteligentes, miserablemente vestido y trémulo.
Patriotismo de los curas
Se sabe en México y en todos los países católicos, lo que es una comida de cura. Suculentos asados de carnero y gallina, estofados, chiles rellenos, pescados de rio y cuanto a frutas, más de las que tomamos en México en diciembre: jícamas, plátanos, naranjas, chirimoyas, higos. Se me olvidaba decir que el pobre maestro, que había llegado al principiarse de la cena, se mantenía acurrucado en un rincón fijando sus ojos tristes a aquel festín, con que el cura se regalaba diariamente: mientras que el, sus hijos, su mujer y madre, enflaquecidos, apenas podían llevar a la boca una tortilla y un poco de arroz o frijoles.
Patriotismo de los maestros
Figúrese usted cuanto tendré que sufrir aquí con un hombre semejante. Yo soy un pobre maestro de escuela; como usted supondrán, no soy de aquí; pero la necesidad y el haber adoptado la profesión de mi buen y pobre padre, que también era receptor, me han obligado a buscar mi subsistencia enseñando muchachos.
A aquí todos los pobres indígenas pueden dar, es para el cura y para las funciones de iglesia.
He querido enseñar alas niños a leer pero un sistema económico y que ahorra el gasto de libros; pero él  se opone, como usted ve, alegando la rudeza de los indios.
Lo que ha hecho la republica
Pero la republica triunfo, y ¡triste es decirlo! La condición de la escuela no ha mejorado como era de esperarse. Verdad es: que algunos gobernadores generosos y sinceramente demócratas, han emprendido el apostolado de la enseñanza popular con verdadero entusiasmo.
La republica  ha triunfado, sin embargo los resultados en el terreno de la educación no son los esperados.
Los profesores de la ciudad
En México, por ejemplo, los profesores son buenos, y además de reunir un buen caudal de conocimientos, se muestran laboriosos en sus tareas, y resignados con triste posición en que se les tiene. Porque, confesémoslo, están pagados mal, muy mal.
Las hermanas de la caridad-los jesuitas
La educación dirigida por los sacerdotes, es una añeja monstruosidad heredada de los chinos y de los egipcios, y aprovechada por la teocracia hasta el siglo XVI  en algunos países de Europa, hasta el siglo XIX en México: ¡qué vergüenza! Si: la tolerancia de cultos establecida ya, no puede permitir eso, la república y la reforma no pueden confiar a sus hijos, a sus soldados de mañana, a las manos de sus eternos enemigos.
Como debe ser el maestro de escuela popular
Dice  rozón Edgar Quinet:
¡Cuántas veces me ha sucedido, admirar el sentimiento de respeto que en el más humilde cabaña se tiene Al maestro de escuela, porque no es ni servidor del sacerdote, ni su rival; es  su colega, su socio!


 MARIA VANESSA RIOS SANABIA

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